Nos comenta John Berger que cuando visitamos los museos o las exposiciones lo hacemos como un canguro cojo, saltando de una obra a otra y compaginando la identificación de la pieza, este es Carlos V a caballo y que bonito color de fondo ha utilizado, con el cálculo del impulso que hay que dar a los músculos de la pata sana, para llegar al siguiente cuadro.
¿Es posible entender por tanto una obra, dándole prioridad al movimiento pendular por encima de la contemplación?
Evidentemente NO, Deberíamos mirar las obras como un canguro viejo, reposando entre salto y salto, delante de cada creación, reflexionando, leyendo los títulos, observando los trazos pausadamente y valorando cada color y espacio, esperando la llegada de los sentimientos más profundos y no pensando que hemos de saltar a la siguiente pieza o la sala contigua...
¿Me ha parecido oír la linda palabra “título”?
Si nos trasladamos al mundo académico, la confianza social nos lleva a pensar que si un individuo tiene el título de abogado, es porque ha cursado por lo menos 5 años de educación, aplicada al campo del derecho. Si un Marqués nos hace participes de su estatus nobiliario, henos de creer que sus ancestros ya poseían ese linaje. Ahora bien, alerta con los títulos de las obras de arte, no siempre tenemos delante la representación de lo que leemos en el título…

… miro la fecha. Y exclamo ¡COÑO!, si no recuerdo mal 200 años separan el cuadro de Rubens y el de Goya, y detenido allí, a solas con Saturno, me doy cuenta de alguna cosa,. Goya tampoco era original en sus temáticas.
¿Y de esta experiencia vital que más podemos deducir?. A simple vista nada, pero si profundizamos en la mitología romana, apreciamos que la prensa rosa hubiera tenido una cantera inacabable rebuscando en la promiscua vida de los Dioses. Dioses casados con sus hermanas, suegros cotillas que les advierten de las maldades futuras de sus hijos, maleficios, destierros y luchas titánicas … en conclusión una vida de vicio, poder y corrupción. ¿Y a parte de esas fruslerías, podríamos llegar a una conclusión un tanto más intelectual?
…un silencio se apoderó de la sala, las brujas me miraban de reojo mientras perfilaban su aquelarre, dos hombres bajitos y fornidos luchaban con sus navajas y un pobre perro dejaba ver su cabeza en un último suspiro antes de morir enterrado en el barro … ¿Saturno?, ¿Qué hacia un personaje mitológico entre tanto cutrerío gore?
Una voz en off dice con tono de Constantino Romero: El problema está en el título no en la complejidad de un problema generacional entre Saturno y su prole. Ni todas las rosas son rojas, ni todos los Saturnos tienen anillo. Goya hubiera tenido que titular la obra de otra manera …, si lo que pretendía era, naturalmente, que el espectador pudiera comprender el verdadero sentido del oleo.
¿Cuál hubiera sido el titulo adecuado para entender, de un golpe, el contenido de la obra? El titulo correcto debería haber sido: “Ya he pasado de los 60, estoy como una tapia y cada vez veo más cerca mi muerte, acechada por Cronos, ese dios griego que los romanos clonaron en Saturno, ese inexorable y cruel, devora el tiempo”.
Ahora sí, con un titulo como este, Paco nos hubiera ayudado sobremanera a entender ese increíble cuadro. Es un hecho que si alguien se come a un hijo, se come parte de si mismo, Saturno devora su creación suprema, engulle el tiempo. ¿Era por tanto una representación meramente mitológica?, No, Goya no estaba pasando el mejor de sus momentos vitales y nos estaba contando como tenía el cuerpo.
Aprender a mirar, conseguir ver y esperar la llegada de los sentimientos más profundos, solo será posible si llegamos a entender rebuscando en el escondido anagrama del laberinto creativo. En otras palabras, si quieres ser entendido, cúrrate los títulos.


Cuestionario sobre el taller.
Y para acabar dos ciber-aportaciones de “creadores con hábitos” de hoy, transcritas literalmente y una historia de ficción: 



